Historias en la piel VII "Florecer"
- Maria Sol Salvo
- 3 abr 2022
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 27 jun 2022
FLORECER
Crearse. Deconstruirse. Florecer.
Emilia me contó que ella sintió la necesidad de grabar en su piel una lucha. No cualquier lucha, sino la que la llevó a romper patrones y cuestionarse todo, y sino todo, muchas cosas que le tocaron vivir. No es fácil cuestionarnos las cosas que hemos normalizado tanto tiempo, sea en la sociedad sea en las historias personales de cada unx. No es gratuito sentarse a repensar nuestra vida y caer en la cuenta de injusticias y de opresiones con las que hemos convivido durante tanto tiempo. No se puede evitar la herida. Lo que sí se puede es resurgir. Emilia me contó que en este tatuaje ella quiso plasmar ese resurgir, ese sanar, ese proceso que la llevó a romper con un montón de cosas para poder ser ella misma. Donde había únicamente una angustia árida e infértil, florece una mujer nueva.
Ella dice ser consciente de que hace tiempo que esta mujer florecida crece dentro de su corazón, pero recuerda que empezó siendo muy chiquitita. Y hubo que regarla y cuidarla. Y hay que regarla y cuidarla aún.
Puede parecer fácil, luego de todas las vicisitudes que la convirtieron en la Emilia que es hoy, pensar en escribir su propia historia. Una historia de libertad en la que se permita vivir dejando fluir cada parte de sí. Pero lo que comprendió es que no es fácil. Para nada. Porque resulta que este camino de quitar espinas a las rosas de los miedos y de las creencias limitantes con las que hemos crecido, no es un camino lineal. No es un proceso que empieza y termina para siempre. Es un sendero sinuoso, con altibajos, con dudas y con temores que aún hoy la oprimen. Desde que Emilia decidió seguir su voz y ser ella misma, lucha constantemente contra todo esto. Oscila entre momentos de bienestar y momentos de dolor. Como una síntesis inevitable de la vida. Porque vivir en libertad es literalmente una decisión que se toma todos los días, a través de múltiples pequeñas decisiones que nos configuran. Aprendió que está bien reír y que también está bien llorar. Parar. Tomar impulso. Resurgir. “No ser mi mejor versión en todo momento, también está bien”. Sus palabras, que sin saberlo necesitaba, me sacudieron. Después de tanto tiempo en el que la vida, el mundo, la sociedad fueron injustos con nosotras, es momento de comprender que no podemos hacernos lo mismo. No podemos ser tan duras con nosotras mismas. Hay momentos para gritar fuerte, y hay momentos para cuidarse, mimarse, apoyarse en los afectos. Quererse mucho. Entenderse. Si deconstruirse, si luchar por la propia libertad será una lucha de todos los días, tendremos que hacerla sin reclamos -ni auto reclamos-, sin una autoexigencia cruel. Con dulzura, con paciencia, con apoyo, con comprensión. Con otras. Hermanadas.
Cuando Emilia me dijo contundentemente “este tatuaje es importante, este tatuaje habla de mí”, no pude evitar sentir que su tatuaje también habla -sin querer- un poquito de mí, y un poquito de muchas de nosotras. Porque después de tanto tiempo marchitas, tenemos derecho a florecer. Y a descansar, como lo hacen las plantas en invierno, para poder ver siempre una nueva primavera.

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