Destiempo
- Maria Sol Salvo
- 11 may 2022
- 14 Min. de lectura
Actualizado: 30 may 2022
-Hola hija. Escuchame, ¿el sábado a la noche estás libre?
-Si pa, no tengo planes por ahora. ¿Qué proponés?
-Nos invitó Lucas a comer al departamento nuevo, me dijo que vayamos todos que hace mucho no los ve a ustedes.
-Ah, joya…
-¿Te prendés?
-Emm… ¿van todos?
-Si, tu hermano y mamá ya me confirmaron. Dale, si no tenés planes dijiste, aparte está bueno ponerse al día. Dale un gustito a papá.
-Bueno dale papi, ¿me buscás tipo 20 el sábado?
-Dalo por hecho hija. Besos
-Besos
Corté el teléfono y prendí el agua de la ducha. Dejé que el agua caliente me inundara la nuca unos segundos mientras empezaba a prepararme mentalmente para ver a Lucas de nuevo después de tanto tiempo. O sea, no podía ser tan difícil… él está casado, tiene un hijo y yo…
-Buen día bombón- me dice Ramiro entrando a la ducha e interrumpiendo mis pensamientos.
Yo estoy de ¿novia? Hace poco más de 2 años que empecé a salir con Rami, un compañero de la facultad. Empezó como algo casual y ahora ya compartimos cada vez más cosas. Cumpleaños, vacaciones, findes… bueno sí somos novios, pasa que nunca lo hablamos así, seriamente. Pero estamos bien qué sé yo, nos divertimos, nos acompañamos. Entonces ¿qué me pone tan nerviosa de ver a Lucas, es la pregunta, si técnicamente no pasó nunca nada entre nosotros? Encima hace mil no lo veo.
Pero bueno, el primer flechazo no se olvida tan fácilmente. No se puede subestimar.
Lucas trabaja en la empresa de mi papá desde que tiene 18 años. Yo tenía 17 la primera vez que lo ví, me acuerdo como si hubiera sido ayer y no hace más de 10 años. Imaginate caer al laburo de tu viejo a la salida del colegio con el uniforme y que te abra la puerta un morocho, alto, con unos ojazos azules increíbles. No hizo más que decirme:
-Hola, soy Lucas, ¿te puedo ayudar en algo?- que yo ya me derretí.
-Ehhh hola soy Agus, Agustina, la hija de…
-Hola chiquitita de papá, cómo te extrañe. ¿Cómo te fue en el cole hoy? A ver, mostrame el cuaderno de comunicados.
Pum. Listo. Incendiada frente al tipo más lindo del mundo por mi viejo que me seguía tratando como una nena. Gracias pa. Le doy el cuaderno de comunicados revoleando los ojos.
-Con permiso entonces, me retiro, los dejo tranquilos
-Gracias Lucas- lo despide papá
-Para lo que necesiten -y baja el tono cuando pasa a mi lado- hasta luego chiquitita- y se va riéndose.
Yo toda sonrojada y muerta de vergüenza no pude emitir sonido.
Obvio que inventé todo tipo de excusas para ir a verlo a la oficina. Pero lo único que lograba era mirarlo. Mirarlo muerta de amor, pero sin poder decir nada. Me conformaba con cualquier mirada, sonrisa casual, lo que sea… y obvio soñaba con que me siguiera al baño y me comiera la boca de un beso. A pleno las hormonas.
Pero nunca pasó. Nunca me siguió al baño. Nunca me comió la boca de un beso. Lucas respetaba mucho a mi papá y a su trabajo, y para colmo se hizo amigo de mi hermano Tomás porque compartían sector. Me la pasaba viendo fotos de sus salidas y sus conquistas en facebook.
Ese año, cuando terminé el secundario empecé a ir más seguido a la oficina. Antes y después de la facultad. Al poco tiempo empecé a trabajar ahí. Con el correr de los días íbamos ganando confianza, nos hablábamos más y nos hacíamos chistes. Él aprovechaba para burlarse de los apodos que me ponía papá. Teníamos onda. Yo no estaba loca. No era una fantasía infundada. Él también gustaba de mí… pero respetaba a rajatabla la regla de oro de mi viejo: “donde se come no se caga”. Así que nos la pasábamos ahí, en el límite, disfrutando lo máximo posible la compañía del otro, pero sin poder hacer mucho más.
En esos años que fuimos compañerxs tuvimos varios acercamientos, pero beso beso, solo uno.
Era el 2015, mi hermano se mudaba solo e hicimos una joda de inauguración con sus amigos antes de llevar todas sus cosas. Para las 12 ya estaba lleno: de gente y de alcohol. A mí me acompañaron mis amigas, que no paraban de alentarme para que lo saque a bailar. Yo me reía tímida y lo miraba, lo anhelaba en todo su esplendor, sin animarme a hablarle.
Pero la noche avanzaba, y trago va, trago viene me decidí. Empecé a caminar hacia él y vi que me miraba fijo a los ojos, ¿deseándome?. Pero antes de llegar me toman del brazo:
-Hola Agus, ¿querés bailar? - el que me intercepta es Mateo, otro amigo de mi hermano. Por cortesía, bailo dos segundos con él. Parece que a Lucas no le gusta, porque nos mira y se va rápidamente al baño. ¿Molesto? ¿Celoso? Necesitaba saber si estaba celoso.
-Voy al baño, che. Nos vemos después- le digo a Mateo y como quien toma coraje para hacer bungee jumping, hice fondo blanco al cuba libre que tenía en la mano y lo seguí al baño. No me importó nada. No tenía derecho a estar celoso, si él nunca activó. Ahora me iba a escuchar.
Entré y lo vi mirándose en el espejo, con las manos aferradas al lavatorio. Abrió grandes los ojos cuando atravesé la puerta sin golpear. Yo estaba bastante borracha y sin pensarlo le dije -sos un cagón Luc..- pero no pude terminar mi frase. Lucas me agarró la cara y me cayó de un beso. De dos, de tres besos. Estaba shockeada, pero era el mejor shock de mi vida. Lo apretaba contra mí, no lo quería soltar. Chapamos durante diez minutos contra todas las paredes del nuevo baño de mi hermano. Y de repente empiezan a golpear la puerta. Quisimos ignorarlo pero reconocimos la voz del otro lado. Mi hermano. Nos quedamos duros. ¿Cómo íbamos a hacer para que no nos viera? ¿Y si le iba con el cuento a papá?
-Quedate tranquila- me dijo Lucas- Yo salgo y lo distraigo a Tomás. En un rato salís vos.
Apagó la luz y salió del baño. A los pocos segundos lo ví desvanecerse en la luz cálida del pasillo mientras los bajos de la cumbia al palo inundaron el baño.
-¿Qué hacías chabón? ¡Te estaba buscando! ¿La viste a mi hermana?
-¿Qué onda amigo? Que se yo dónde está tu hermana. Estás muy sobrio vos, ¿sale tequilazo?
-Sos mala influencia eh
Escuché que se alejaban riéndose. Intenté recuperar el ritmo respiratorio de una persona normal. Me acomodé un poco el pelo y salí del baño. Me frenaron las chicas. Estuve apenas unos minutos contándoles lo que pasó y para cuando me dí cuenta, se había ido. No estaba. Se fue sin decirme ni una palabra, como si no me mereciera aunque sea su tiempo.
El domingo lo pasé esperando que me mande un whatsapp, algo. Nada. No sabía qué pensar y todos los escenarios que maquinaba en mi cabeza me hacían desear hacerme bolita en la cama y no salir nunca más.
Pero llegó el lunes y tuve que ir a la oficina a trabajar, intentando aparentar calma total. Cuando entré, vi que mi viejo abrazaba a Lucas y le daba una copa de champagne. Brindaban y reían. También estaban mi hermano y el socio de mi viejo. No entendía nada. Saludé de lejos a papá y seguí de largo a mi lugar de trabajo. Me propuse meter la cabeza en las tareas del día para no enloquecer, ya que estaba sola porque mi compañera estaba enferma.
Habrá pasado media hora desde que llegué que entró Lucas. Miró para los costados, se mandó adentro y cerró la puerta. Lo miré sorprendida y hasta haciéndome un poco la enojada. Cinco años esperando que me chape, por fin lo hace y pum, desaparece. -¿Quién te entiende Lucas?- pensé que estaba hablando para adentro pero miré su cara y me di cuenta que lo dije en voz alta. Pero no me pensaba echar atrás, repito ahora sí más firme, -¿quién te entiende Lucas?
De pronto empecé a sentir que se acercaba lentamente. Empecé a hiperventilar.
-Ni yo me entiendo Agustina. Lo único que te puedo decir es que hace mucho tiempo quería darte ese beso
-¿Por qué no lo hacías? No me vas a decir que no sabías que me gustás…
-Porque no se puede… porque tu viejo confía en mí y siempre me dice que donde se come…
-No lo puedo creer
-Perdoname. De verdad, soy un tarado
-Y, a ver, ¿qué cambió ahora? ¿por qué ahora sí se puede romper la ley “sagrada”?- le retruqué, irónica.
Se acercó un poco más. Ahora me miraba fijo -hay algo que te tengo que decir…- le empieza a sonar el celular. Miré rápido. Era mi viejo. Se cortó. Pero empezó a sonar de nuevo. Ahora es Lucas el que corta. Se empezó a pegar a mí. A esta altura yo ya estaba perdiendo la cabeza prácticamente. ¿Qué es lo que me tiene que decir que lo tiene así?
Ya no aguantaba la cercanía, no soportaba las ganas de darle un beso. Cuando estábamos a punto de concretar, se abrió la puerta de repente.
-Ehhh qué andan tramando ustedes, jajajaja ojito!!! No le estarán queriendo sacar la empresa al viejo, ¿no?- bromeó papá- te estoy llamando al celu pero no me atendés Lucas, tenemos que ultimar unos detalles antes de que te vayas. Cuando puedas pasate por mi oficina-. Papá se fue, dejando la puerta entreabierta. Silencio. Tengo miedo, pero pregunto igual:
-¿Antes de que te vayas a dónde?
-Eso es lo que te quería decir. Viste la nueva planta que se está armando en Bariloche… bueno, tu viejo quiere que me encargue de toda la instalación. Necesita alguien de confianza. Y para mí es crecimiento, es una gran oportunidad, justo rendí el último final…-empezó a bajar la voz hasta volverse casi un susurro.
-Vos me estás jodiendo. Cinco años esperando para que me des un beso ¿y me lo venís a dar dos días antes de irte a vivir a mil quinientos kilómetros? ¿Qué soy yo? ¿Un chiste? - empecé a sentir que se me hacía un nudo en la garganta. No lo dejé ni explicarse. Me paré y salí corriendo al baño. Me sentía una boluda que no podía parar de llorar. Más boluda me sentía por reclamarle algo a un pibe al que no podía reclamarle nada. Si no éramos nada.
Me empezó a llamar al celular, le corté. Intentó otra vez. Y otra vez. Lo bloqueé. Cuando volví a mi escritorio ya no estaba, menos mal. Apagué la compu, agarré mi cartera y me fui al despacho de papá. Necesitaba irme a casa. Entré… y estaba él. Ni lo miro. Me dirijo a mi viejo directamente:
-Pa, me siento mal, me voy a casa.
-Uh mi amor, ¿qué pasa? ¿Te llevo al médico?
-No pa, no te preocupes. Es algo que me cayó mal- de algún modo era verdad, pero no la comida- solo me quiero recostar un poco. ¡Después te llamo!
-Bueno hija, dale. Avisame cuando llegues.
Salí. Esa fue la última vez que lo ví a Lucas. Después me enteré por papá y Tomás que le fue muy bien en Bariloche. Incluso un tiempo después conoció a una chica en el barrio. Todavía me acuerdo cuando me dijo que iba a tener un hijo:
-Y la chica con la que sale Lucas quedó embarazada. Pobres, me parece que ninguno de los dos lo andaba buscando. Pero bueno, entiendo que se van a dar una oportunidad como familia, a ver qué pasa-.
Me liquidó la noticia. No me pregunten por qué… Hacía tiempo ya que no veía a Lucas y también había conocido a alguien con quien la pasaba bien. Lucas era el recuerdo de un pasado que ni llegó a ser. Y sin embargo la noticia me angustió.
Ahora que la planta de Bariloche caminaba sola, Lucas había pedido a mi papá un traslado a Buenos Aires. Extrañaba a sus padres y quería que pudieran pasar más tiempo con su hijito. Mi papá, que lo adoraba, no dudó ni un segundo en decirle que sí.
Y ahora volvemos al comienzo. La llamada de papá. Una vez instalado con su familia, Lucas lo llama y le dice que vayamos todos a comer. Yo lo invité a Ramiro. Necesitaba una a mi favor.
El sábado a las 20:00, puntual como siempre, nos buscan papá y mamá por la puerta de mi casa. En media hora estábamos tocando el timbre. El auto de mi hermano ya estaba estacionado en la puerta. Nos atiende por el portero eléctrico y nos indica que subamos al segundo piso. Parecía muy normal todo, casual. Está todo bien, me digo. Estoy exagerando. Está todo bajo control. Soy una adulta ya, y él esposo… y padre. Es un padre, Agustina. Comportate. Además, vos estás de novia. Me repito: comportate. Y pienso que no puede ser tan difícil.
Pero cuando llegamos al segundo piso y nos abre la puerta del departamento se me viene el mundo abajo. El discursito maduro me pega una piña en la cara. Está tan o más hermoso que la última vez que lo ví. Saluda efusivamente a mis papás y cuando llega a mí se clava en mis ojos, como lo hacía antes. Y yo reviví todas las veces que me miró en un segundo. Nos quedamos mudos un momento, mirándonos, pero sin poder articular palabra. Hasta sentí que algo me tironeaba. Era Ramiro. ¡Cierto! Pobre Ramiro. Sin tener la más mínima idea de mis sensaciones, me reclama jocoso:
-Ché, ¿no me vas a presentar al famoso Lucas?
Me río nerviosa -Claro, perdón. Lucas él es Ramiro. Ramiro, Lucas.
-Hola Ramiro, un gusto. Bienvenido
-Gracias Lucas, muy lindo el edificio.
-Muchas gracias. Adelante, pónganse cómodos.
Entramos y saludamos a Tomás que estaba jugando con un nene hermoso. Un nene con los mismos ojos de Lucas. Por favor, no puede ser tan lindo.
-Ella es Martina, la mamá de Teo
-Y la esposa jajaja pero bueno, cuando una se convierte en madre pasa a segundo plano. ¡Encantada! Escuché tanto de ustedes, no puedo creer que por fin los conozco.
Ella es divina. Preciosa, cálida. Eso me incomoda un poco. ¿Seguiría siendo tan macanuda si supiera las cosas que sentí cuando volví a ver a su marido?. Me sentía horrible.
La noche transcurrió entre copas y anécdotas. Cada tanto, una mirada furtiva de Lucas me confirmaba lo que yo pensaba. Nos debíamos una charla.
Ramiro estaba más cariñoso de lo normal. Me agarraba la mano, me hacía masajes, me daba besos. ¿Presentía algo? Mi papá interrumpe mis pensamientos:
-Y te agarraste un porteñito eh, Martu, te llevaste una joyita- me da la impresión de que el alcohol empezaba a hacer efecto
-Jajajaja sii la verdad que sí- responde ella, mirándolo enamorada.
-Yo admito que cuando Luquitas empezó a trabajar en la empresa pensé que iba a terminar de novio con mi chiquitita- casi escupo el vino.
-Ay sí, yo también. No te voy a mentir Martina, son una familia preciosa. Yo te hablo hace muchos años. Estos dos eran adorables. No, ¿Agustinita?- dice mamá
-Jajaja éramos unos adolescentes- me reí nerviosa
-Yo al principio no entendía por qué de pronto le gustaba tanto venir a la oficina a la salida del colegio, y un día mi esposa me dijo “está muerta con Lucas”- listo. Basta para mí, basta para todos.
-Bueno, era un flechazo juvenil jajaja nunca podría haber sucedido- respondo, como vomitando las palabras. Lucas, inmóvil, me miraba- Donde se come…- digo citando nuestra última conversación. Todos se ríen al escuchar la regla de oro de papá.
Teo empieza a llorar y es como la campana que me salva. Necesitaba tomar un poco de aire. Suena el timbre.
-Ay amor, es el helado. ¿Podés abrir?- le dice Martina.
-Yo voy si no les molesta- me ofrezco- de paso tomo un poco de aire que me estoy muriendo de calor.
Bajo a buscar el helado, dejando atrás las risas de mi familia.. y la de Lucas.
Pago el helado, pero no estoy lista para subir. Lo apoyo en la escalera y me siento unos minutos, mirando hacia la calle. Alguien baja y se sienta a mi lado.
-Podemos hablar un minuto- era él- necesito terminar esa conversación. Te quiero decir lo que te quise decir ese día
-No me parece buena idea Lucas. A mi me gustabas, de verdad. Mucho. Desde el día que te conocí esperaba darte ese beso. Y me lo das un día antes de irte a vivir a la loma del culo y sin siquiera contármelo antes. Quizás te parezco una boluda pero siento que teníamos mucha onda y me costó mucho tiempo volver a sentir algo por alguien. Y ese alguien está arriba, y no quiero faltarle el respeto. Arriba también están tu mujer y tu hijo, así que no, no me parece buena idea
-¿Te pensás que no sé que están mi mujer y mi hijo arriba? Y tu novio. Pero si no hablamos va a ser peor, va a quedar siempre algo pendiente
Me doy vuelta y lo miro. A los ojos. Fue horrible sentir tantas cosas en el cuerpo. Está mal.
-Lucas, rehacer tu vida para vos fue mucho más fácil. Lo que me hace pensar que vivimos esto de formas muy distintas.
-Agus, por favor. Dos minutos y subimos -al ver que lo dejo hablar, sigue-, yo estuve loco por vos desde el día que te conocí. Al principio me obligué a ni siquiera mirarte, porque te quedaban unos meses para terminar el colegio. Pero cuando empezaste a ir a la facu, cada vez que venías me moría. Me encerraba en el baño para tomar coraje para hablarte. Me encantabas. Después empezamos a trabajar juntos y disfrutaba tanto de compartir ese tiempo. Me hacía el que necesitaba ayuda para hablarte. Pero cada vez que quise decirte lo que sentía se me ocurrían mil formas de que eso terminara mal. Sabés que mi familia estaba en la lona y dependía de mi laburo, realmente no podía darme el lujo de que tu viejo se enojara y me diera una patada en el culo. Era la única regla que nos ponía.
Se me empieza a hacer un nudo en la garganta. No puedo creer que él había sentido todo con la misma intensidad que yo: - No puedo creer que nunca me lo hayas dicho…
-Agus, vos tampoco me dijiste nada. En el fondo sabías, como yo, que era lo mejor. Confiar en que ya se iba a pasar. Un día tu viejo me propuso irme con el nuevo proyecto a Bariloche… no podía dejar pasar la oportunidad. Era un desafío increíble… y hasta pensé por un momento en decirte que vengas conmigo.
-Vos me estás cargando Lucas. ¿Cómo pudiste haber pensado esto sin decirme nada? ¿Por qué no me dijiste?
-Porque en una charla con tu papá me dijo que él deseaba para vos la dirección de la empresa. Que te veía enfocada, que sentía que era tu camino. Y yo no podía sacarte de ese camino para ser la que me acompaña a mi a probar suerte a mil quinientos kilómetros. No podías perderte esa oportunidad- se atropellaba con las palabras y yo estaba aturdida. No podía procesar tanta información- Entonces me decidí a dejar que se extinguiera lo que sentía, fuera lo que fuera. Me convencí de que vos ibas a estar bien y yo también, teníamos toda una vida por delante. >>Entonces fue la inauguración de tu hermano. Yo sabía que en unos días me iba a vivir lejos. Lo que no sabía era cómo decírtelo. El solo pensar en no verte más me angustiaba. Y vos me mirabas y me moría. Y los amigos de Tomás estaban locos con vos y yo no podía hacer nada. Cuando ese pibe te invitó a bailar, no sé, me sacó. Y no tenía ningún derecho. Entonces me fui al baño. Y cuando entraste -me doy cuenta que se me había secado la garganta escuchándolo, me costaba tragar saliva- me perdí. Mal. Me di cuenta que quizás era la última vez que iba a verte antes de irme y tiré todo el plan a la mierda. Te besé como quise hacerlo desde que te conocí. Y perdón por eso. Fue muy egoísta de mi parte- me pedía perdón por el mejor beso de mi vida. Y yo no podía hablar- Y estás equivocada. No fue fácil para mí pensar en lo que pudo ser y no fue. El primer año en Bariloche lo pasé muy mal. Salía de trabajar y me iba directo al departamento. Horrible. No quería hacer nada. Martina era mi vecina y fue mi primera amiga. Me invitaba siempre a salir con sus amigos y yo no tenía ganas. Un día, después de un tiempo, me interceptaron en la escalera y acepté. Su grupo me recibió con muy buena onda y dejé de sentirme tan solo.
>>Una cosa llevó a la otra y después de muchas salidas, una vuelta me invitó a pasear a solas. Así empezamos una relación casual. Nos entendíamos bien, nos divertíamos y no había apuro en formalizar. Ella no lo necesitaba y yo no me sentía listo tampoco. Pero unos meses después, Martu quedó embarazada. Sinceramente yo no lo podía creer. No me veía ni loco siendo padre todavía. Pero Martu me dijo que ella quería tenerlo, que yo me involucrara lo que quisiera, que no se iba a enojar.
-Pero vos nos sos así…
-Pero yo no soy así. Y ella es increíble, una gran compañera. Entonces le dije que yo iba a estar para ella y para mi hijo siempre. Que nos diéramos una oportunidad como familia. Ahí fue que nos fuimos a vivir juntos y no puedo mentirte, me enamoré de esa panza y de ese hijo. Desde la primera ecografía Teo me robó el corazón.
-Es una belleza. Y su madre también.
-Lo son. Pero necesitaba que lo hablemos, porque realmente te veo y se despiertan mil cosas adentro mío. Vuelvo a tener 18 años y siento que voy a enloquecer. Necesitaba explicarte lo que pasó- se acerca hacia mí. Yo me paro
-Me encantabas Lucas y realmente no quiero ponerme a pensar en las cosas que estoy sintiendo ahora. No corresponde. Pero gracias, necesitaba escuchar tu explicación para seguir cada uno con lo suyo. Ahora ya está, arriba nos esperan. Subamos, por favor- empiezo a subir las escaleras.
Lucas me alcanza en el descanso. Me toma del brazo y me gira levemente. Me agarra de la cintura y me pega contra él. No Lucas, no. Me lleva contra la pared, sin soltarme. Pegados. Respirando el mismo aire. Yo no podía moverme. O no quería. Era horrible esto y sin embargo lo deseaba con todo el cuerpo. Nos quedamos así, pegados, mirándonos a los ojos con nuestras narices rozándose. Nuestros cuerpos formando uno. Cada vez me costaba más tragar.
-No Lucas. No queremos esto
-Necesitaba que supieras que me muero de ganas. Pero no puedo.
-No podemos Lucas.
Odiando tener que hacerlo, nos soltamos. Recuperamos el aliento y subimos en silencio. Nos miramos por última vez antes de volver a entrar, como despidiéndonos de lo que sea que tuvimos -o que no tuvimos-.
-Bueno, ¿quién quiere helado?
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